Gibraltar, esperanza y cautela | Carlos Rodríguez Braun
Españoles, británicos y gibraltareños, a pesar de las diferencias que los separan, parecen coincidir en que es mejor este acuerdo para terminar con la Verja que ningún acuerdo. A partir de ahí, la sensación mayoritaria combina esperanza con cautela.
En la prensa de España y el Reino Unido he visto repetida la palabra pragmatismo. Ambas naciones han preferido aparcar la disputa de fondo sobre la soberanía, y concentrarse en resolver problemas prácticos de la gente.
Si hay dudas sobre qué beneficios o pérdidas habrá en el futuro, está claro que quienes se mueven diariamente, y estamos hablando de unas 15.000 personas, lo tendrán mucho más fácil, igual que quienes hacen negocios a ambos lados. Quienes cruzamos de vez en cuando, también ganaremos, porque seguirá habiendo una frontera, y seguirá habiendo controles, pero serán más laxos mediante los controles biométricos.
La mayor actividad económica podrá beneficiar a La Línea y el Campo de Gibraltar, pero quizá también aumente la demanda de viviendas y sus precios, y podremos sentir el impacto en Sotogrande, así como el del mayor turismo y la mayor afluencia en nuestros campos de golf.
Un impacto inmediato será el aumento del tráfico en La Línea, y allí podrá observarse, en los embotellamientos, los efectos de muchos años desperdiciados en los que se podrían haber ampliado y modernizado nuestras infraestructuras.
En Gibraltar preocupa la posible pérdida gradual de sus ventajas competitivas, empezando por la fiscalidad favorable, que siempre ha sido muy importante en el tabaco, el alcohol y los combustibles. Habrá un proceso de adaptación, que no está claro aún, aunque se creará del lado gibraltareño un nuevo impuesto indirecto similar al IVA, que tenderá a aproximarse al español y europeo, y existe el compromiso de ir acercando progresivamente los impuestos especiales de combustibles y tabaco; del mismo modo que no está claro del lado español qué pasará con diversos trámites y trabas burocráticas que deben afrontar los empresarios.
Por todas estas razones, se comprende la prudencia a ambos lados ante lo que será la incorporación de facto de Gibraltar a la zona Schengen. Y también la esperanza.
Carlos Rodríguez Braun