Cambia el Gobierno británico | Carlos Rodríguez Braun

Opinión: "La nueva crisis de Gobierno en el Reino Unido no tiene que ver con el Brexit sino con lo que pasó después".
Opinión: "La nueva crisis de Gobierno en el Reino Unido no tiene que ver con el Brexit sino con lo que pasó después".

La nueva crisis de Gobierno en el Reino Unido no tiene que ver con el Brexit sino con lo que pasó después. Mientras muchos políticos se precipitan a impartirles lecciones a los británicos, conviene tomar una prudente distancia para ponderar qué está pasando en ambas orillas del Canal de la Mancha.

Los ciudadanos del Reino Unido no están en contra del Brexit, puesto que el político que más se está beneficiando de la inestabilidad es Nigel Farage. Culpan a sus autoridades, y es verdad que no abordaron las necesarias reformas que abran la economía y bajen los impuestos para que el país vuelva a crecer. Pero también podrían culparse a sí mismos, porque cuando alguien se planteó hacerlas -Liz Truss estuvo cerca- fue ridiculizado y marginado como si hubiera propuesto una receta absurda.

Lo absurdo fue que Sir Keir Starmer, disgustado con todo el mundo, como ironizó The Economist, acabó dándole a la izquierda laborista todo lo que pedía en términos de más impuestos y más intervencionismo.

Si eso no podía funcionar, y no funcionó, las posibilidades de que la cosa cambie con Andy Burnham, el probable reemplazante de Starmer, parecen escasas.

En efecto, Tom Wolf, el destacado columnista del Financial Times, lamentó que Burns quiera enterrar la revolución de Margaret Thatcher en vez de construir sobre ella, como hizo Tony Blair

De este lado del Canal, los demás europeos no deberíamos mirar a los británicos con condescendencia. Sus problemas son también los nuestros, como se observa en el descontento de los ciudadanos con un sistema que pretende protegerlos pero les quita cada vez más dinero en un sistema intervencionista que adormece el crecimiento de la productividad y el bienestar.

Sospecho que los que menos deberíamos dar lecciones somos los españoles. Después de todo, como escribió Ignacio Camacho en ABC: “Gran Bretaña es ese excéntrico país donde los primeros ministros caen a menudo bajo la presión de sus propios partidos”, mientras que en España es prácticamente imposible destituir a un líder en el poder,  y nuestro actual “jefe del Gobierno finge normalidad mientras chapotea en medio de una ciénaga”.

Carlos Rodríguez Braun