España no depende del turismo | Carlos Rodríguez Braun

Hace más de cincuenta años, cuando yo era un joven de izquierdas en Buenos Aires, compartía la teoría, entonces muy popular en mi país natal, según la cual Argentina “dependía” de la agricultura y la ganadería, y que allí radicaban sus dificultades económicas. Hoy recuerdo ese error cuando veo repetida en España la idea de que nuestro problema es que “dependemos” del turismo.

Pero la Argentina no estaba subordinada a los países que importaban su carne y sus cereales: se los vendía libremente en un contexto de economía abierta, que, por cierto, transformó al país en uno de los más prósperos del planeta. A partir de 1930, en cambio, todos los gobiernos argentinos, empezando por los conservadores y siguiendo por los peronistas, pensaron que había que proteger la industria y castigar al sector primario, lo que hicieron durante un siglo, logrando hundir a la Argentina en la decadencia. Estas políticas antiliberales se pusieron bastante de moda, siempre con malos resultados.

En España no estamos dominados por los malvados extranjeros que nos visitan temporalmente, o que incluso se instalan aquí de forma permanente. Todo se hace con libertad, y los españoles aprovechamos las notables ventajas de nuestra naturaleza, nuestro clima y nuestra cultura.

Se dirá que España tiene cifras de turismo récord pero una economía frágil. Es cierto, pero una cosa no está relacionada con la otra. Por ejemplo, si los extranjeros alquilan o compran más viviendas, no son por ello los causantes de su encarecimiento. En condiciones normales de competencia, el mercado responde con más oferta si aumenta la demanda. En España el precio de la vivienda no sube porque lo haga la demanda, sino porque la intervención política impide que aumente la oferta.

Nuestra fragilidad económica, en cambio, apunta a otra dependencia, esta sí genuina y dañina: la dependencia del poder político y legislativo. Este poder ha intervenido nuestra economía, provocando toda clase de distorsiones, empezando por el paro y terminando por los impuestos, el gasto y la deuda pública que lastran nuestras perspectivas de crecimiento.

Es una dependencia nociva, sin duda, pero de ella el turismo es completamente inocente.

Carlos Rodríguez Braun