Economía electoral | Carlos Rodríguez Braun

La economía desempeña un doble papel en las campañas electorales.

La economía desempeña un doble papel en las campañas electorales, como acabamos de ver en Andalucía: afecta las decisiones de los votantes y condiciona los mensajes de los partidos. 

Nuestro voto es el resultado de diversos factores que influyen en nuestra decisión. Uno de ellos es la adhesión emocional a unas ideas, consignas o siglas. Esto permite explicar por qué la corrupción, que en la sociedad civil genera reacciones más o menos inmediatas, en la política surte efecto a un plazo más largo. Por eso tardaron los socialistas con Felipe González catorce años antes de perder el poder, y en Andalucía casi cuarenta. 

La economía es otro factor importante, y quizá actúe con plazos más breves. Esto se nota en los esfuerzos denodados que hacen todos los políticos para intentar convencer a la gente de que su situación financiera es mucho mejor de lo que parece. Lo hace Trump en Estados Unidos, y con aún más entusiasmo lo hace Pedro Sánchez en España. 

El problema es que la realidad económica es tozuda, y mientras usted puede creer que su partido político favorito es realmente honrado, más allá de unas pocas manzanas podridas, es más difícil que crea que su cartera o su cuenta bancaria están más pobladas de billetes o de saldos positivos que lo que en verdad sucede. 

Desde la dimensión política es relativamente sencillo predecir la conducta de los candidatos. Todos ellos, de todos los partidos, enfatizarán las bondades de sus programas, se comprometerán a lograr excelentes objetivos económicos a corto plazo, y ocultarán sus costes. Y todos, al referirse a los programas de los otros partidos, harán lo contrario. 

Por fin, quizá lo más grave, aunque también predecible, es que ningún partido expondrá ante los ciudadanos las medidas que sería necesario adoptar para resolver los problemas económicos reales. Por ejemplo, jamás dirán que el sistema público de pensiones es insostenible sin subir los impuestos y/o bajar las prestaciones; ni que las medidas intervencionistas en la vivienda agravan el problema en vez de arreglarlo; ni que las promesas de más gasto público nunca podrán concretarse sin subirles los impuestos a la mayoría de la población. 

Carlos Rodríguez Braun