Después y antes de las elecciones | Carlos Rodríguez Braun

Estamos después de cuatro elecciones autonómicas perdidas por el PSOE, en territorios donde solía ganar cómodamente, e incluso arrasar, como en nuestra Andalucía. Y, con esos antecedentes, estamos antes de unas elecciones generales, que presumiblemente se van a celebrar en 2027.

Los sucesivos escándalos de corrupción que afectan a destacadas figuras del socialismo –el último y muy grave cataclismo ha sido la imputación del expresidente, José Luis Rodríguez Zapatero– han animado especulaciones sobre un posible adelanto electoral.  Pedro Sánchez rechaza esa opción, aunque habrá que ver si sus socios siguen apoyándolo en esta fase de aguda descomposición.

Entre tanto, ¿qué escenarios político y económico se abren ante nosotros?

La economía española, como el Gobierno no se cansa de repetir, parece estar en mejor posición que los demás países desarrollados, en particular los europeos. Sin embargo, y en un contexto internacional incierto en lo político y geopolítico, y con amenazas clara de desaceleración de la actividad económico, las señales dentro de España no son tranquilizadoras. Mientras que la situación de la Hacienda Pública en términos de déficit y deuda no se resuelve, y los servicios públicos se deterioran, los ciudadanos perciben que las cifras no reflejan lo que sucede con sus ingresos reales, sea por la mayor presión fiscal o por el encarecimiento de numerosos bienes y servicios, desde la cesta de la compra hasta la vivienda. El impulso económico de la inmigración, que es indudable, se agotará, como el del gasto público. La única posible señal halagüeña provendría del exterior, y sería el final de la guerra en Irán y la apertura del estrecho de Ormuz.

En la política, todo indica que Sánchez pretenderá repetir la estrategia de 2023, es decir, mantenerse en la Moncloa –perdiendo las elecciones– con el apoyo de la izquierda y los nacionalistas, en particular los catalanes. Es una maniobra arriesgada, porque hace cuatro años salió bien por los pelos, por sorpresa (Sánchez engañó al electorado), y sin que los socialistas se hubieran desgastado tanto como lo hicieron después.

El Partido Popular y Vox, por su parte, anticipan una victoria, y ensayan en las autonomías lo que probablemente deberán hacer a nivel nacional: entenderse.

Carlos Rodríguez Braun