Pedro tiene tres hijos, todos le han estado ayudando con la bodega y los viñedos desde hace años. Ahora, ha llegado el momento de poner el negocio familiar en manos de los hijos. Solicita una mediación con los tres para hacer el reparto de responsabilidades dentro de un escenario neutral, quedando consensuado entre todos y no afectando al adecuado funcionamiento del negocio ni a la facturación. Tres sesiones fueron suficientes para redactar el acuerdo. Salieron a la palestra cambios que los hijos querían hacer y que el padre no conocía, alguna lucha de poder que, de no enfocarse con humor y constructivamente, podía haber derivado en competitividad desleal y bloqueo. Hoy cuentan con su Protocolo de Resolución de Conflictos por escrito y funcionan bien tras el traspaso generacional.

Catalina Bernaldo de Quirós

Catalina Bernaldo de Quirós

Y, no sólo en empresas familiares conviene la mediación. Carlos y Lorenzo, dos amigos y socios con ilusión por abrir un restaurante, también redactaron su Protocolo. Se llevan estupendamente y se conocen hace tiempo pero dudaban sobre cómo gestionar un equipo de personas y repartirse funciones. Querían hacer las mismas cosas y no se ponían de acuerdo en detalles. Durante la mediación reflexionaron y dejaron acordado cómo pensaban actuar ante situaciones controvertidos, evitando problemas y ahorrando tiempo y dinero.