28 años junto a Seve
MARÍA ACACIA LÓPEZ-BACHILLER
Jefe de Prensa del Circuito Europeo en España
Siempre he dicho que me siento una privilegiada: empecé mi carrera en golf a la vez que Seve Ballesteros, el Open de España de 1974 en La Manga fue nuestro primer torneo del Circuito Europeo. Nos hicimos muy amigos y tuve la suerte y el privilegio de compartir 28 años con él, acompañándole en incontables e inolvidables momentos dentro y fuera de los campos de golf.
La primera vez que Seve estuvo en Sotogrande fue en la Semana Santa de 1978 invitado por mí. Del 77 al 80 y de septiembre a abril, Ward Wallace –director de marketing de Financiera Sotogrande- me pidió que trabajase con él para encargarme de las relaciones públicas y protocolo; el resto del año colaboraba con una agencia de viajes inglesa pionera en mover a los golfistas por Europa viajando a todos los torneos.
Invité a Seve, Manolo Piñero y Antonio Garrido a pasar unos días en Sotogrande como preparación al Masters de Augusta, y aceptaron encantados. Estuvieron cinco días y se alojaron en los bungalows del “campo de abajo” (Real Club de Golf Sotogrande). Por la mañana entrenaban junto a Juan Quirós y Juan Zumaquero o con Tony Jacklin, a quien habían encomendado la promoción del “campo nuevo” de Las Aves, más tarde denominado Valderrama.
Por la noche yo organizaba cenas agradables y tranquilas, con poca gente para que se sintieran a gusto, contando
siempre con Richard Denman, Ignacio Álvarez de Toledo, Harriet Högström, Amparo y Miguel Preysler y Corina Oppenheim. Recuerdo una noche muy divertida en Los Abanicos, el bar del Hotel Tenis.
Seve no ganó aquel Masters, que se adjudicó su ídolo Gary Player, y sin embargo a los pocos días logró su primer título en Estados Unidos: The Greater Greensboro Open. Siempre reconoció que aquellos días en Sotogrande fueron un gran acierto.
Su segunda visita se produjo nueve años más tarde, cuando en diciembre del 87 ganó el Campeonato de España celebrado en el RCG Sotogrande, y al año siguiente participó en la primera edición del Volvo Masters en Valderrama, un título que estuvo apunto de llevarse en esa ocasión y también en el 94, de no haberse interpuesto en su camino un dropaje que le dejó a un golpe de Langer.
En el 97 volvió a Valderrama como capitán del equipo europeo de la Ryder Cup y vivió una de las semanas más emocionantes de toda su carrera. Seve ponía el cien por cien de pasión en todo lo que hacía, y si había un torneo que le apasionaba por encima de todos era la Ryder Cup. Aquella de Valderrama fue “su” Ryder. ¡Cómo disfrutó! Ejerció de capitán, anfitrión, preparador del campo… Ganó como estaba previsto en el guión –lo contrario hubiera sido impensable- y vio un sueño cumplido. Tuve la inmensa suerte de compartir aquella semana junto a él y, en la Ryder, Seve era más Seve que nunca.













