La firma de María Acacia López-Bachiller
El triunfo de Álvaro Quirós en Dubai ha supuesto una enorme alegría para el golf español, y en particular para los que le tenemos cariño, pero sobre todo para quienes estamos convencidos de que el hábitat del jugador de Guadiaro es la élite del golf mundial, su puesto está entre los mejores del mundo.
Le conocí hace varios años cuando siendo niño competía en el equipo nacional y recuerdo los comentarios de sus capitanes, preparadores, profesores y compañeros: “Es una bomba que explotará en cualquier momento”. Desde que se hizo profesional en 2004, no ha dejado de sorprendernos.
Álvaro es genial y un jugador tremendamente atractivo: le pega a la bola como nadie y su juego es espectacular, simpático, de sonrisa cautivadora, espontáneo, su alegría es contagiosa, y no hay patrocinador ni señora que se le resista cuando viste los colores de su Atleti del alma (aunque esta vez no fue así en Dubai) y lleva como nadie el sombrero que ha puesto de moda. Es un jugador que transmite sus emociones y la gente que le sigue en los torneos disfruta y sufre tanto como él; siempre ofrece espectáculo.
Una de las principales virtudes de Álvaro es que ha sabido mantener los pies sobre la tierra, es muy crítico consigo mismo y sabe dónde están los errores (que poco a poco va minimizando) contra los que lleva tiempo luchando, y esta actitud dice mucho de él.
Hace poco me sentí muy orgullosa al saber que todo el stand de Callaway en la feria de golf de Orlando (la más importante del mundo) estaba decorado con fotos de Álvaro. ¡De La Cañada a conquistador de USA!, pensé. También debo decir que sufrí cuando falló el corte en octubre en Valderrama, sé que lo pasó mal y con él los que le queremos, pero así es este deporte.
Para terminar, nunca olvidaré la frase de una aficionada cuando ganó el Open de España: “¡Qué tío tan bien plantao, qué bien te parió tu madre!”.
(Por Rosi, Martín, María, Pepín y Pepa).













